"Conozco tu corazón y sé cuánto amas a aquéllos de tu círculo íntimo. Yo soy tu Creador y el Dador de toda buena dádiva. Te he obsequiado a aquéllos que amas para que compartan su vida contigo. Hijo mío, debes recordar que tus seres queridos en definitiva me pertenecen; no son tuyos. No te he permitido establecer esas relaciones tan especiales para romperte el corazón o para controlarte a través del temor al futuro. Como lo hizo Abraham con su único hijo, Isaac, necesito que abras tu corazón y me devuelvas a aquéllos que amas. Confíame toda preocupación con respecto a ellos. Coloca tu mano en la mía y Yo prometo que te acompañaré (y también a aquéllos que amas) a través de todas las circunstancias que la vida pueda traer".
... Los que confían en el Señor son como el Monte de Sión, que jamás será conmovido, que permanecerá para siempre...
Hace muchos meses, después de dejar nuevamente mi casa para continuar con "el sueño", dudando de si realmente valía la pena sacrificar lo más preciado que hasta ahora tengo -mi familia-, me topé con el textito con el que inicio esta publicación... Me ayudó mucho... Me ayudó porque entendí que los tiempos de Dios en nuestra vida son siempre perfectos, no llegan antes ni después, llegan cuando deben llegar. Entendí que uno no puede vivir con el temor permanente que genera la idea de que, en algún momento, un ser querido puede faltar; pero lo mejor de todo es que, más allá de entenderlo, encontré consuelo y paz al saber que Dios cuida -con especial atención- de cada ser amado...
Es inevitable y necesario levantar el vuelo, pero es maravilloso saber que puedes ir a dormirte en paz, tranquilo, porque Dios, el que todo lo puede, el que va más allá de todo entendimiento humano, tiene cuidado de ti y de esas personas que tanto amas...*
No hay comentarios:
Publicar un comentario